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Tesorería

Flujo de caja a 13 semanas: la proyección que salva trimestres

· David Godoy González

Casi todas las empresas que entran en problemas de liquidez lo hacen con los estados financieros en orden. El resultado del mes cerró bien, el presupuesto se está cumpliendo, y aun así llega un martes en que no alcanza para pagar. El problema no fue de información: fue de horizonte. El estado de resultados es mensual y mira hacia atrás; la caja se rompe entre medio.

El flujo a 13 semanas existe para cubrir exactamente ese punto ciego.

Por qué trece y por qué semanas

Trece semanas es un trimestre. Es el horizonte más corto que todavía permite hacer algo: renegociar un plazo, acelerar una cobranza, postergar una compra. Más corto y solo alcanzas a mirar; más largo y el detalle semanal se vuelve adivinanza.

Y va en semanas, no en meses, porque la caja no se rompe en promedio: se rompe un día concreto. Un mes puede cerrar con saldo positivo y haber tenido tres días en rojo. El promedio mensual esconde justo lo que necesitas ver.

Cómo se construye

La lógica es simple y deliberadamente no contable: aquí no importa el devengo, importa cuándo entra y sale el dinero.

  1. Saldo inicial real. El de la cuenta bancaria de hoy, conciliado. No el contable.
  2. Entradas por semana. Cobranzas según la fecha probable de pago de cada factura, no según su vencimiento teórico. Si tu cliente históricamente paga a 75 días con plazo de 60, usa 75.
  3. Salidas por semana. Nómina, proveedores, impuestos, deuda, arriendos. Las fijas primero: son las que no puedes mover.
  4. Saldo de cierre, que es el saldo inicial de la semana siguiente.

La fila que de verdad importa es la última: el saldo acumulado. Ahí se ve en qué semana cruzas el mínimo operativo.

Define un piso de caja y márcalo en el modelo. No basta con no llegar a cero: toda operación necesita un colchón para funcionar sin sobresaltos. El día que cruzas ese piso, ya estás en problemas, aunque el saldo siga siendo positivo.

Los tres errores que lo vuelven inútil

  • Usar fechas de vencimiento en vez de fechas reales de pago. Es el error más común y el que más daño hace: te da un flujo optimista justo cuando necesitas verdad.
  • No actualizarlo cada semana. Un flujo a 13 semanas que se arma una vez al trimestre no sirve. Se rueda: cada lunes cae una semana, entra una nueva, y se corrigen los supuestos con lo que efectivamente pasó.
  • Llenarlo de detalle. No necesitas cada proveedor. Necesitas los grandes conceptos y una línea de “otros” razonable. El exceso de detalle hace que nadie lo mantenga, y un modelo que no se mantiene no existe.

Qué hacer con lo que muestra

El valor del ejercicio no es la planilla: es la conversación que habilita. Cuando ves que la semana 7 cruza el piso, tienes seis semanas para actuar, y las palancas ordenadas por costo son casi siempre las mismas: primero cobranza de vencidos, después inventario de baja rotación, después plazos con proveedores, y solo al final financiamiento.

Esa es la diferencia entre gestionar la caja y enterarse de la caja. La primera opción se decide con tiempo; la segunda se resuelve pagando más caro.